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La línea de descrédito (rescate) y la enésima reunión sin acuerdos concretos

Pilar Egea Puentes

Son muchos los análisis que se están realizando del rescate al sistema bancario español, pero en general da la impresión de que se vive pendiente del último detalle de la actualidad, cuando lo que creemos que resulta más importante en un momento como el actual es insistir en el análisis en profundidad de los antecedentes que han desencadenado la grave situación que estamos viviendo.

Antecedentes

La primera cuestión que cabe destacar es que con anterioridad al impacto externo sin precedentes derivado del frenazo en seco de la liquidez a partir de agosto de 2007, en España existía ya una burbuja crediticia e inmobiliaria, que ponía en situación de grave riesgo a un sector importante del sector bancario. Especialmente a las cajas de ahorro, destacando por su importancia  Caja Madrid, Bancaja, CAM, Caixa Galicia, Caixa Cataluña, y en los bancos ocupaba un lugar destacado el Banco Popular, que había seguido políticas de crédito hipotecario similares a las de las cajas de ahorro.

La burbuja se vio favorecida por factores como la ley del suelo de Aznar que incrementó el suelo urbanizable con el argumento de que así se abarataba el precio de la vivienda y tipos de interés e inflación bajos (el Euribor  se redujo aproximadamente desde un 5% a un 3% entre el 2000 y 2003 y no volvió a crecer hasta 2005), igualmente influyeron los estímulos fiscales a la vivienda y la complacencia del gobierno conservador con el modelo de crecimiento basado en el ladrillo. Sin embargo, los factores fundamentales que explican la burbuja son las malas prácticas bancarias que llevaron a cabo los altos ejecutivos de las entidades citadas anteriormente, consentidas por los consejos de administración de las propias entidades, y los errores gravísimos de la supervisión del sistema bajo la responsabilidad del Banco de España. Es importante señalar la presencia en los consejos de administración de políticos municipales con fuertes intereses en el sector inmobiliario. Intereses en forma de estrechas vinculaciones empresariales con promotores inmobiliarios, y el enorme crecimiento de los ingresos fiscales que generó la burbuja inmobiliaria  en las cuentas de los ayuntamientos.

Las entidades financieras citadas cometieron graves errores de gestión bancaria.

-         Alta concentración  de riesgo promotor en las carteras de crédito.

-         Creación de empresas conjuntas con los promotores.

-         Financiación 100% a los promotores.

-         Financiación a los compradores por encima del 80% del valor de tasación.

-         Garantías sobrevaloradas.

-         Generalización de avales ficticios.

-         Amplia cartera de participaciones industriales por tomar posiciones en los consejos.

-         Aventuras fallidas en el exterior de España.

-         Sueldos astronómicos vinculados a objetivos espurios como el crecimiento del balance.

A estos errores de gestión se unieron maniobras ilícitas y graves problemas de gobierno corporativo en las cajas por el tráfico de influencias, la financiación de los negocios de los “amigos” del consejo de administración. Fundamentalmente tuvieron como consecuencia una concentración inadmisible de riesgo promotor.

A los errores del sector bancario se unen graves errores en la supervisión y regulación. A este respecto cabe decir que una parte de los mismos son compartidos con otros reguladores de Estados Unidos y de Europa. No hay que olvidar que las crisis bancarias se han dado de forma generalizada en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Bélgica y Holanda. Pero existen  errores específicos del supervisor español. El pilar 2 de la regulación que se engloba bajo la denominación de Basilea II, permite a los supervisores no solo que puedan exigir mayores importes de capital, sino también cambios en las políticas de crédito, cuando  detecten situaciones de riesgo excesivo en una determinada entidad financiera.

Cuando un supervisor cuenta con el suficiente respaldo institucional y revisa concienzudamente las operaciones de un banco tiene en su mano herramientas para que dejen de realizarse operaciones no ajustadas a las buenas prácticas de riesgo. Sin embargo, el estallido de la crisis es una prueba incontestable de que los supervisores no aplicaron las medidas que la legislación les permitía tomar, ante el excesivo crecimiento del crédito hipotecario y la enorme concentración del riesgo promotor en las carteras de las entidades financieras señaladas anteriormente. Por el contrario, estuvieron intensivamente dedicados a la validación de los modelos cuantitativos que el Pilar 1 de Basilea II había introducido. Entidades como Caja Madrid habían superado con éxito las pruebas para poder aplicar los modelos internos, basados en la estimación por parte de la entidad  de parámetros como la probabilidad de default de los acreditados y la tasa de pérdida dado el incumplimiento. Sería de gran interés conocer en que han quedado todos esos cálculos, ante la devastadora crisis que ha tenido la entidad. Los equipos de validación de modelos que existen en el Banco de España tendrían mucho de que autocriticarse ante la evidencia de la crisis.

El Banco de España, aportó a la regulación internacional un producto de su propia cosecha: la provisión anticíclica. De hecho fue una innovación positiva, que ha sido incorporada por otros reguladores; la provisión anticíclica es una provisión genérica que los bancos deben dotar en función del crecimiento del crédito, bajo el supuesto razonable de que a mayor crecimiento existen más posibilidades de que se produzca un salto cualitativo en la morosidad. Sin embargo, se sobrevaloró el poder de la provisión anticíclica ante el riesgo de concentración del sistema bancario al sector hipotecario en general y al riesgo promotor en particular. La provisión permitió amortiguar inicialmente los efectos de la crisis, pero no se hizo para prever lo que se denominan “créditos mal dados”. La provisión anticíclica primaba a los créditos hipotecarios por el hecho de disponer de garantías reales. Pero existía un problema que el Banco de España no tuvo en cuenta. Las garantías hipotecarias estaban fuertemente sobrevaloradas, por lo tendría que haber establecido unas reglas de descuento sobre el valor de tasación. Esto habría supuesto aceptar la existencia de la burbuja inmobiliaria, con las implicaciones correspondientes sobre las políticas de crédito de las entidades.

Sin embargo, el diseño de la provisión anticíclica hacía que se pidiera menos provisión a los bancos que presentaban más garantías, y ahí justamente estaba el problema porque las garantías de los préstamos hipotecarios, las viviendas, estaban mal valoradas (porque sus precios eran el reflejo de la burbuja). El regulador tuvo la oportunidad de cortar por la vía convencional, decretando provisiones por cada crédito que excediera un 80% del valor de tasación, revisar la valoración de las garantías, adicionalmente infladas por el interés de los bancos de conceder mayor valor de los préstamos (generalmente procedentes de tasadoras del propio banco). Lo que ocurre es que frenar a un caballo desbocado tiene un coste en términos políticos, porque era una etapa de crecimiento y la crítica fácil es que el supervisor hubiera impedido de este modo que creciera nuestra economía. Ni Caruana ni Fernández Ordoñez han tenido intención de abordar este control cuando esa era su misión principal: garantizar la estabilidad financiera, objetivo en el que han fracasado de manera rotunda.

De la crisis bancaria hemos pasado a la crisis soberana sin solución de continuidad, pero en ese orden. La fragilidad de los bancos ha contribuido a la generalización de un clima de inestabilidad completamente propicio para las prácticas especulativas contra los bancos y contra los Estados. Cuando se produce un momento de desconfianza y de huida a la calidad, los especuladores tienen el terreno abonado para poner en práctica ventas en corto sobre acciones de los bancos o sobre la deuda pública y CDS desnudos en posición de comprador de protección contra la deuda soberana. La conexión se debe a que el Estado aparece como asegurador ante los problemas de los bancos. Estamos hartos de ver en la prensa que los mercados “opinan”  y los mercados no opinan nada, los operadores compran o venden y en este escenario muchos venden si  tienen miedo y ese miedo crece si ven que se deprecian en las pantallas los títulos de los bancos o los títulos de deuda. Ese descenso abrupto de precios es justo lo que quieren provocar los especuladores para obtener beneficios. Además el volumen de negociación ha oscilado notablemente en el trascurso de la crisis y en ocasiones ha sido especialmente reducido, lo que ha facilitado que los fondos especulativos puedan mover el mercado con mayor facilidad.

Aunque el origen de la crisis tiene una naturaleza multidimensional, la componente financiera ha sido decisiva; sin embargo, se ha querido poner el acento de forma interesada en la supuesta falta de competitividad de la economía española por el crecimiento de los salarios, y en el abultado déficit público. Estos argumentos no se sostienen. En España los salarios reales, hasta 2005, crecieron muy por debajo de la productividad, lo que implica un descenso de los costes laborales unitarios reales. Paralelamente lo que se produjo fue un claro aumento del excedente empresarial. Por otra parte, las condiciones iniciales del déficit público y la deuda pública no pueden considerarse, en ningún caso, el origen de la crisis. En los años 2000, 2006 y 2007, las cuentas públicas arrojaron superávit, 1%, 2% y 1,9% en relación al PIB. La ratio de deuda pública sobre PIB, 43%, 40% y 36%, muy lejos del 60% convencional de los acuerdos de Maastricht.

En el marco del euro se dieron condiciones de bajos de interés europeos y en España políticas que animaron el crecimiento de la demanda privada. Y en ese contexto es en el que se fragua la expansión del crédito que sí consideramos que es un factor fundamental en la crisis; con la información del Banco de España ha pasado de una tasa interanual de crecimiento del 12% al 22% en el periodo 1997-2007, muy por encima del crecimiento nominal de la economía en ese mismo periodo (osciló entre un mínimo de 6,9% y un máximo de 8,7% según datos de la OCDE). Hay una clara evidencia de que estos fenómenos de fuerte expansión del crédito son la antesala de las crisis bancarias, ante la imposibilidad de alcanzar un crecimiento sostenible de los balances.  Según datos del Banco Mundial el crédito interno al sector privado en porcentaje del PIB pasó de un 78,25% en 1997 a un 202,8% del PIB en 2008.

Desde la política se desaprovechó en la etapa previa a la crisis la ocasión para reforzar la estructura recaudatoria o igualar los niveles asistenciales o para implementar políticas para el cambio productivo en línea con otros países. De hecho España redujo su déficit y su nivel de deuda a costa de mantener en el periodo 2000-2006 un nivel de gasto en relación al PIB en torno al 35% y un nivel de ingresos en torno a un 39%. En ese mismo periodo Alemania ingresaba más de un 44% y presentaba un nivel de gasto en relación al PIB entre un 49% y un 44% (con tendencia descendente desde 2003). Es cierto que ha habido un colchón para amortiguar el impacto inicial de la crisis sobre las cuentas públicas pero el desequilibrio productivo de una economía con un peso importante en el sector de la construcción era previo y no hubo ningún intento de cambio que anticipase soluciones ante un posible estallido de la burbuja inmobiliaria.

En este contexto es fácil llegar a un evento tipo Ponzi (Minsky) en el que se pasa de una situación sostenible en la que los créditos generan a las empresas beneficios suficientes para pagar el capital y los intereses de la deuda, a una situación medianamente  sostenible en la que las empresas no tienen capacidad para pagar el principal de la deuda, pero si los intereses, por lo que necesitan refinanciarse, hasta finalmente llegar a una situación totalmente insostenible, en la que no pueden pagar ni el principal ni los intereses.

Para la comprensión de la dinámica de la crisis, desde agosto de 2007 hasta la actualidad, es necesario tener muy en cuenta las políticas económicas de derechas. La política económica hasta 2010 no tuvo el vigor que necesitaba la situación de grave deterioro con el extraordinario aumento de la tasa de paro. Es cierto que el gobierno del PSOE carecía de la soberanía monetaria para inyectar liquidez a los bancos y financiar una política de expansión del gasto público, pero en ningún caso se planteó subir los impuestos a las grandes fortunas, atacar con eficacia el fraude fiscal y exigir al Banco de España una actuación rápida para evaluar la salud del sistema financiero y proponer medidas para las entidades que en esas fechas exhibían una gran fragilidad. Por el contrario navegó sin rumbo durante esa etapa, esperando que la situación se arreglase espontáneamente. En mayo de 2010 el PSOE entró de lleno en las políticas económicas de derechas poniendo en el lugar de honor de su estrategia los recortes contra las condiciones de trabajo y las condiciones económicas de los trabajadores. El triunfo electoral del PP en 2011, amplificó la senda iniciada por el PSOE. La agenda oculta del PP de debilitamiento del poder sindical y de reducción salarial se ha puesto al descubierto y al mismo tiempo se ha convertido en un factor relevante en la gestación de la segunda fase de la crisis bancaria.

En contra de los que opinan que la situación de los bancos ya se conocía desde el inicio de la crisis, nosotros pensamos que la crisis bancaria actual es una consecuencia clara de las políticas económicas de derechas, basada en los brutales recortes que contraen la actividad económica, aumentan el paro y eliminan de la actividad productiva a pequeñas y medianas empresas. Los bancos no estaban en 2007 como ahora, los tres más grandes BBVA, Santander y la Caixa han aplicado políticas que les han permitido sortear la crisis, pero muchas cajas y en especial Cajamadrid, Bancaja y CAM, que partían ya de una situación de extrema fragilidad,  han sufrido un proceso de deterioro financiero imparable desde el 7 de agosto de ese año cuando los mercados interbancarios se secaron. A partir de ese momento los compradores de vivienda dejan de obtener financiación fácilmente y los promotores que habían comprado suelo a crédito dejan de tener perspectivas de ventas y dejan de pagar. Estos indicios deberían haber servido para recolocar las políticas públicas y tomar una verdadera conciencia de la profundidad de la crisis. En lugar de eso en cuanto se atisbó un ligero repunte en bolsa se prefirió pensar en que estaban surgiendo “brotes verdes” y todo el problema iba a acabar pronto. Con la profundización en la crisis están surgiendo nuevos fenómenos como que bancos sistémicos como Bankia lo son no sólo para el sistema financiero español sino para el alemán o el estadounidense. Y es que la crisis bancaria y la crisis económica están claramente retroalimentándose.

La creación de Bankia, su salida a bolsa y el posterior rescate es uno de los peores episodios financieros con responsabilidades de los gobiernos del PSOE y del PP, del Banco de España, de la CNMV y de la auditora Deloitte. Caja Madrid era en 1996 una entidad saneada. Sin embargo bajo la presidencia de Miguel Blesa (1997-2010), se transformó en una entidad al borde de la quiebra. Blesa, cuyo único mérito conocido es el ser amigo de Aznar, se propuso como objetivo el crecimiento del balance a cualquier precio, con una política generosa de concesión de créditos a promotores inmobiliarios y participaciones industriales en Telefónica, Iberia, Indra, Endesa, Mapfre, SOS, lo que permitió a Blesa sentarse en los consejos de administración, y conseguir poder y buenas relaciones con el poder económico. Además, Caja Madrid entró en aventuras internacionales, con la participación en Su Casita en México y la compra del Bank of Florida. Estas aventuras terminaron en sonados fracasos con pérdidas para Caja Madrid  de cientos de millones de euros. Las guerras internas del Partido Popular provocaron la salida de Blesa y la entrada de Rodrigo Rato, con el apoyo de Esperanza Aguirre. Rodrigo Rato debía tener fuertes expectativas políticas o personales tras la aceptación del puesto pero demostró su escaso conocimiento del sector bancario. Con la propuesta de SIPs del Banco de España se habían fusionado varias entidades expuestas fuertemente al riesgo promotor, es decir, ya eran “bancos malos” en origen y además agrupadas en torno a una entidad sistémica como era Caja Madrid.

Precisamente el PSOE y el Banco de España fueron los artífices de una primera reforma financiera, que en realidad fue una auténtica chapuza. La realidad de los Sistemas Institucionales de Protección (SIPs) es que pretendían mantener toda la burocracia en una especie de holding de servicios. Estas llamadas “fusiones frías” se supone que se hacen por ahorro de costes generales, pero en la práctica en lo único que pueden haber influido es en una política de despido de trabajadores, no de puestos directivos. Además en la determinación de las fusiones pesaron claramente los criterios políticos como fusionar cajas de Comunidades Autónomas con afinidad política, pero siempre el proceso ha estado lastrado por la falta de voluntad de asignar responsabilidades del deterioro financiero de las entidades o de quitar directivos.

La fusión de Caja Madrid, y cinco entidades más, con Bancaja,  es uno de los graves errores llevado a cabo por Rato, con el visto bueno del Banco de España y el acuerdo del gobierno del PSOE. La fusión de dos entidades lastradas, Caja Madrid y Bancaja, con un volumen enorme de créditos fallidos de promotores inmobiliarios, solo puede conducir a crear un problema que es mucho mayor que los problemas de las entidades por separado.

 

La chapuza y la petición clandestina del rescate

La guinda del pastel fue la nacionalización de Bankia, que en nuestra opinión se realizó aplicando la máxima del “peor imposible”. Bankia debería haberse intervenido por el Banco de España, sustituido inmediatamente a su consejo de dirección por interventores del Banco de España y habría que haber abierto expediente a Rato. La situación fue tan rocambolesca que, previamente a la nacionalización, Bankia presentó sus cuentas a la CNMV cuatro días tarde y sin auditar, hecho insólito en la práctica financiera de una empresa cotizada. El resultado final es que de los 300 millones de beneficio que se pretendía anunciar se ha pasado a una escalada de cifras de pérdidas. Otra situación que no tiene precedentes ha sido la “voladura programada” del Banco de España. El PP ha intentado deslegitimar, jugando con fuego, al propio Banco de España para culpar al PSOE de la situación de Bankia y del sistema financiero. De ese modo llegamos a la petición de rescate en la reunión del Eurogrupo, la denominada, por el PP, “línea de crédito” y no rescate. En realidad los hechos han demostrado que una vez más los responsables políticos europeos están inmersos en tremendas contradicciones, y son incapaces de llegar a acuerdos concretos. El único acuerdo firme de la reunión del Eurogrupo fue la presencia de dos evaluadores externos para estimar las necesidades de capital de las entidades financieras españolas. Los evaluadores externos han sido las empresas Oliver Wyman y Roland Berger.

Los informes realizados por los evaluadores externos tienen como objetivo estimar las necesidades de capital para el sistema bancario español. El solo hecho de realizar este ejercicio supone una enmienda a la totalidad de la metodología desarrollada en Basilea II para el mismo objetivo. La regulación del riesgo de crédito mediante el método IRB supone que los requerimientos de capital están calculados para el nivel de confianza del 99,9%, es decir, se supone que la probabilidad para que las pérdidas superen el nivel de capital requerido es 0,1%. Un evento crítico sobre 999 eventos no críticos en una realización de 1000 eventos. Sin embargo, la realidad de la crisis con la evidencia de grandes bancos internacionales acumulando pérdidas muy superiores a las que se suponía en un escenario extremo, abrió paso a las pruebas de estrés para evaluar las necesidades de capital, dado que las metodologías implementadas bajo las reglas de Basilea II habían fracasado. Hay que recordar que los requerimientos de capital están calculados para el horizonte de un año, lo que implica que el nivel de confianza del 99,9% significa un evento extremo en un año a lo largo de mil años posibles.

El diseño de las pruebas de estrés no está avalado por ninguna teoría solvente y no existe evidencia empírica capaz de dar apoyo a los criterios utilizados y a los resultados obtenidos. De hecho, los evaluadores externos, Oliver Wyman y Roland Berger, han utilizado metodologías diferentes. En esencia el método consiste en diseñar dos escenarios macroeconómicos para las variables que se consideran más relevantes por su impacto sobre los comportamientos de los deudores de los bancos: el primero, denominado básico, responde a las expectativas más probables a juicio de los que elaboran el escenario, y el segundo, denominado adverso, responde a una situación extrema negativa. La determinación del escenario básico, ya supone un reto imponente dado que se quiere establecer para un horizonte de tres años. Sabemos por experiencia que la predicción de variables macro a un horizonte mucho menor, un trimestre, está sujeta a grandes márgenes de error. En cuanto a la definición del escenario adverso es simplemente la aplicación de criterios discrecionales, sin ninguna posibilidad de asignar ningún nivel de probabilidad contrastable.  Sin embargo, en la rueda de prensa del Secretario de Economía y el nuevo subgobernador del Banco de España, un periodista preguntó que cuál era la probabilidad con la que se había definido el escenario adverso. Ante la parálisis del Secretario de Estado de Economía, el nuevo subgobernador salió del lance con la afirmación de que la probabilidad era 1%. Un auténtico farol, quizás basado en el convencimiento de que su respuesta no iba a ser contestada.

Después de las definiciones de los escenarios, los evaluadores externos tenían que “estimar” el impacto que sobre la morosidad y las pérdidas de las carteras de créditos se generarían. Se trata de una tarea imposible, que se resuelve mediante reglas ad hoc y juicios totalmente subjetivos. Por otra parte los resultados nunca pueden ser contrastados. Sin embargo, no hay que olvidar el marco político en el que se desarrollan estos ejercicios evaluadores. Unos días antes el FMI había publicado su propio ejercicio de estrés sobre la banca española, con el resultado de unas necesidades de capital de 50.000 millones de euros, para un horizonte de dos años y un Tier 1 del 7,5%. Los evaluadores externos no se podían situar muy por encima de esa cifra, porque aunque el horizonte era de tres años y no dos como el FMI, el nivel del Tier 1 acordado fue el 6%, y además en el escenario adverso de los evaluadores, el tercer año es muy poco adverso. Por lo tanto los evaluadores partían de una cota inferior definida por el FMI. Y como cota superior estaba la cifra de 100.000 millones de euros que, sin ninguna justificación, había sido consensuada en la conferencia del Eurogrupo en la que se había iniciado la concesión del rescate. Bajo estas cotas inferior y superior, las cifras de Oliver Wyman y Roland Berger “políticamente correctas”, tendrían que situarse dentro del intervalo, como así fue.

Un año antes, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) realizó un ejercicio de estrés con los objetivos de evaluar el deterioro patrimonial de los bancos europeos en un escenario muy adverso, y determinar la solvencia de las entidades en dicho escenario. Consideró ocho factores macro (crecimiento del PIB, inflación, desempleo, precios de la vivienda, tipos de interés a corto plazo, tipos de interés a largo plazo, precio de la acción y descuento de los bonos del gobierno según plazos)

Los resultados obtenidos por la EBA, con su ejercicio de estrés, señalaban que no eran necesarios aumentos adicionales de capital para las entidades españolas. Entre las analizadas estaban, Banco Financiero y Ahorro, Bankia y CAM, que en ningún caso necesitaban, a juicio de la EBA, más capital. Esto es un ejemplo de la solvencia teórica y técnica de los métodos de estrés que maneja la máxima autoridad bancaria europea.

El escenario básico, o esperado, definido por el Steering Committee (Banco de España, Ministerio de Economía y Competitividad, Comisión Europea, Autoridad Bancaria Europea, BCE, FMI, Banco de Francia y Banco de Holanda)  para el ejercicio de estrés reciente, es el registrado en la Tabla 1.

Tabla 1. Escenario básico

Variable

2012

2013

2014

Crecimiento del PIB

-1,7%

-0,3%

0,3%

Tasa de paro

23,8%

23,5%

23,4%

IPC armonizado

1,8%

1,6%

1,4%

Deflactor PIB

1,0%

1,0%

0,9%

Precios vivienda

-5,6%

-2,8%

-1,5%

Precios suelo

-25%

-12,5%

5%

Euribor 3 meses

0,9%

0,8%

0,8%

Euribor 12 meses

1,6%

1,5%

1,5%

TIR deuda pública 10 años

6,4%

6,7%

6,7%

Tipo de cambio EUR/USD

1,34

1,33

1,33

Crecimiento Crédito a hogares

-3,8%

-3,1%

-2,7%

Crecimiento Crédito a empresas

-5,3%

-4,3%

2,7%

Variación Índice Bolsa de Madrid

-1,4%

-0,4%

0,0%

 

Este cuadro básico es un puro ejercicio discrecional que no tiene ninguna base. En general, los ejercicios de predicción macroeconómica no tienen validez a largo plazo, y más de seis meses ya es largo plazo. Pero todavía más en la situación actual, con la incertidumbre que atraviesa a la Unión Europea, es un ejercicio inútil la confección de la Tabla. Sin embargo, algún comentario adicional es posible. En este escenario básico, considerado por tanto como más probable, el crédito a los hogares sigue cayendo y en el caso de las empresas solo es ligeramente positivo en 2014. Al margen de la validez de estas cifras, los datos reflejan la visión del gobierno, por lo que salta a la vista la incoherencia de estar repitiendo la letanía de que el rescate trae la recuperación del crédito, tan manida por el ministro Guindos y sus corifeos. En cuanto a la evolución futura de los tipos de interés sería mejor que se lo preguntasen, en Londres, al consejero delegado de Barclays.

El escenario adverso, que es el interesante para las pruebas de estrés se registra en la Tabla 2.

Tabla 2. Escenario adverso

Variable

2012

2013

2014

Crecimiento del PIB

-4,1%

-2,1%

-0,3%

Tasa de paro

25,1%

26,8%

27,2%

IPC armonizado

1,1%

0,0%

0,3%

Deflactor PIB

0,0%

-0,7%

0,1%

Precios vivienda

-19,9%

-4,5%

-2,0%

Precios suelo

-50%

-16%

-6,0%

Euribor 3 meses

1,9%

1,8%

1,8%

Euribor 12 meses

2,6%

2,5%

2,5%

TIR deuda pública 10 años

7,4%

7,7%

7,7%

Tipo de cambio EUR/USD

1,34%

1,33

1,33

Crecimiento Crédito a hogares

-6,8%

-6,8%

-4,0%

Crecimiento Crédito a empresas

-6,4%

-5,3%

-4,0%

Variación Índice Bolsa de Madrid

-51,3%

-5,0%

0,0%

Con una caída del PIB de -4,1% en 2012, las caídas de los precios de la vivienda y el suelo, más el nivel de los tipos de interés de la deuda pública de la Tabla, lo más verosímil es que los objetivos del déficit y de la deuda pública saltasen por los aires, y el rescate del gobierno de España sería inevitable, con consecuencias imposibles de prever para la eurozona y la economía internacional.

Los evaluadores externos no van más allá, y en base a los balances reservados que tiene el Banco de España de las entidades, realizaron las proyecciones sobre la evolución de las carteras de crédito, la morosidad y el importe de pérdidas. Después de ese ejercicio cocinado, estimaron las necesidades de capital del sistema bancario español. La empresa de consultoría alemana Roland Berger ilustra su informe con superficiales modelos cuantitativos, para conseguir ese halo de cientifismo, que siempre aporta la presencia de fórmulas matemáticas en los informes.

Los resultados de Oliver Wyman y Roland Berger cumplieron el objetivo de ser “políticamente correctos” dado que la cifra máxima de necesidades de capital, 62.000 millones de euros, se encuentra dentro de las cotas mínima y máxima que definen el importe admisible. Sin embargo el problema de la financiación de este importe, y las consecuencias colaterales, seguían abiertas.

El novedoso plan de rescate a los bancos de la unión europea

En todo este entorno las autoridades europeas y el Banco Central Europeo siguen sin asumir la necesidad de monetizar la deuda de los gobiernos.  Eso sí en los momentos críticos inventan parches que alivian el problema de sostenibilidad de las finanzas públicas durante un tiempo, como las medidas que acaban de aprobarse de préstamos directos a la banca. Lo que no se ha producido aún es un cambio en el diseño de la autoridad monetaria que elimine la suspicacia actual, herencia del Bundesbank, de que el Banco Central no está para financiar a los no alemanes o para financiar los “excesos” de la periferia. Conviene recordar que los excesos están muy localizados, de hecho los datos de mora de los compradores de vivienda en España contradicen esta última idea: con datos de 31 de diciembre de 2011 la tasa de mora de los compradores de vivienda era sólo del 2,8%. Es en el crédito promotor y a construcción donde está el problema con un 20,9% y 17,7% de morosidad respectivamente. El problema de fondo no puede analizarse desde una perspectiva estática analizando datos como la morosidad actual sino a través de la dinámica entre debilidad financiera, recesión y disminución de la recaudación y presión especulativa sobre la deuda. La compra directa de la deuda en el primario por parte del Banco Central puede acabar de golpe con la especulación y con las dudas sobre si el Estado podrá pagar. El reto a partir de ese momento sería el diseño de políticas de recuperación europea con nuevas emisiones masivas, bien nacionales o bien europeas.

El plan que ha aprobado el 29 de junio la unión europea supone un nuevo cambio forzado in extremis por los acontecimientos. No es asumible para la unión europea que seis o siete países, incluyendo dos grandes como Italia o España, tengan que ser rescatados. El acuerdo se ha vendido como un gran éxito de Rajoy porque los 100.000 millones no pasarán a engrosar la deuda pública española; el nuevo mecanismo de rescate financiará directamente a las entidades crediticias.  Más bien hay que pensar que aunque había reticencias en algunos países como Alemania, Holanda y Finlandia el acuerdo realmente lo han apoyado un grupo importante de países que consideran que hay que frenar nuevas presiones sobre la deuda europea de países con bancos en dificultades. La ruptura del euro no es considerada improbable en estos momentos y ha habido que ingeniar un parche urgente. De hecho, la prima de riesgo se ha relajado inmediatamente conocida la aprobación del plan. A nosotros nos quedan dudas sobre el asunto de que el Estado queda fuera de cargas con este plan de rescate a los bancos porque habrá que concretar qué pasará si un banco impaga sus obligaciones ¿el nuevo fondo europeo permanente (MEDE) va asumir esos impagos o será el Estado Español el que avale? Estas cuestiones habrán de resolverse rápido porque si no volverá a repetirse el escenario de escalada de la prima ante la inconcreción de las medidas de rescate.

El plan de rescate a los bancos tendrá otras consecuencias que se concretarán en el futuro como la unificación de la supervisión bancaria europea o, probablemente, que los bonistas con deuda bancaria asuman su conversión en acciones. Estas medidas están absolutamente sin definir, su delimitación será complicada  y de concreción tardía como todos los acuerdos alcanzados en la Unión. En cualquier caso la unificación de la supervisión servirá de poco si no se asume que la estabilidad financiera no es posible alcanzarla manejando modelos de regulación desde la videoconsola de los despachos del Banco Central, hay que entrar en las entidades para conocer a fondo qué operaciones están diariamente realizando.

Lo que está claro que no cambia en absoluto en la política económica europea es la ceguera respecto a los efectos contractivos de las políticas de austeridad, puesto que se va a seguir presionando para que se implementen nuevos recortes en un país como España, cuyos gobernantes ya habían avanzado mucho el trabajo sucio que tiene programado la troika (lo empezó Zapatero y lo ha terminado de perpetrar Rajoy). Con la llegada de noticias se vislumbra un nuevo matiz: la asunción del carácter sistémico mundial de la marca España. No sólo los países europeos del norte están preocupados por la repercusión de la crisis bancaria sobre sus economías, también Estados Unidos ha mostrado estos días su preocupación en ese sentido.

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