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La “salud” de la industria manufacturera Destacado

Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense y miembro del Círculo 3E (Energía, Ecología y Energía) de Podemos y de la asociación econoNuestra. http://fernandoluengo.wordpress.com/

Con demasiada frecuencia, las grandes cifras ocultan realidades complejas que requieren análisis matizados. Justo lo contrario de lo que, casi siempre, nos ofrecen los políticos del Partido Popular. Pondré un ejemplo referido a la industria manufacturera de nuestro país, apoyándome en los datos proporcionados por la Oficina Estadística de la Unión Europea, que abarcan el periodo 2008-2012 (último año para el que se dispone de información).

Empezaré diciendo que la productividad del trabajo ha aumentado, casi un 20%, mientras que los costes laborales unitarios (CLU) se han reducido, en algo más de un 10%. Estamos, en apariencia, ante dos buenas noticias, pues la industria manufacturera parece, a la luz de estos datos, más productiva y competitiva. Parecería que, como proclaman con insistencia Rajoy y su Gobierno, los años de crisis han sido testigos de una reestructuración, en el sentido modernizador, del tejido industrial.

Pero antes de apuntarnos a este diagnóstico revisemos con cuidado la información estadística disponible.

El indicador de productividad que tan “brillantemente” se ha comportado mide la relación existente entre el valor añadido bruto y el número de empleados (o de horas trabajadas). Resulta que la producción en 2012 era un 8,1% inferior al nivel de 2008, pero como la caída del empleo todavía ha sido más pronunciada, ¡un 23,5%!, el resultado agregado es un aumento estadístico de la productividad.

¿Y cómo interpretar la evolución asimismo “favorable” de los CLU? Este indicador refleja la relación entre la compensación media por trabajador y la productividad laboral. El primero de los términos ha aumentado en términos nominales entre 2008 y 2012 un 7,3%. El crecimiento tan superior de la productividad, el denominador de la ecuación, explica la mejoría experimentada por este indicador.

Fruto del virtual estancamiento de los salarios reales, el índice de precios al consumo avanzó un 7,5%, y de la destrucción de empleo, la parte de los salarios en el valor añadido bruto manufacturero ha retrocedido en 6,4 puntos porcentuales, tanto como la pérdida registrada entre 1998 y 2007.

Lógicamente, para elaborar un diagnóstico solvente sobre la evolución de la industria manufacturera habría que ir más allá de esta sencilla y limitada visión de los datos agregados. Con todo, es útil para señalar que la destrucción de empleo y la congelación salarial, lejos de constituir el combustible apropiado para promover la transformación estructural que necesita nuestra economía, ponen de manifiesto su fragilidad y la orientación equivocada de las políticas gubernamentales.

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